sábado, 28 de febrero de 2009

Doce de julio de ese año

Miedo.
Eso es exactamente lo que siento.
Con él, en una “dulce tranquilidad”.
¡Increíble!
Dios quiera que sea eterno este clima, ya que francamente ayuda a la armonía familiar y me corre a mí de la desesperación y el pavor.
No se vive mal así, hasta es algo lindo por momentos.
¿No podría ser así siempre?
Con mi amiga, la voy “piloteando”…
“Sábados de almuerzo”, bajo control.
Respecto del tema “kilos”, volvió el “detodoatodahora”.
Pero no es eso no que me ocupa ahora.
Es mi hijo menor.
Es mi hijo menor y lo escolar.
Otra vez, pruebas.
¡Ciencias!
¡Malditas materias de mierda!
(Es sabido que a “nosotros” no nos interesan ni los paisajes, ni las plantas ni los animales ni nada relacionado con la naturaleza. No somos buenos en eso, no nos interesa, no nos gusta. ¿Qué carajo me importa cómo se forman los suelos? Ya lo tuve que estudiar en su momento. Ya me había liberado… ¡Caramba!).
Acabo de tener el impulso de escribirle una extensa carta a su maestra en el Cuaderno de Comunicaciones.
Me sucedió minutos antes de que la combi pasara.
Mi hijo ni se percató.
Le hice ver que mi hijo está estudiando “de cero” porque pareciera que todo lo está aprendiendo por primera vez, que le faltan cosas en la carpeta, que hay actividades sin corregir, que los ejercicios que ella eligió para practicar complican más que lo que ayudan…
Es decir, “tiré la pelota”.
Debería sentir alivio por haber descargado, por expresar mis impresiones.
Pero no.
Siento MIEDO.
Estoy inquieta.
¡Y si ante mis “reclamos” la maestra busca solucionar la situación posponiendo la evaluación?
ME MUERO.
Sería lo peor que me podría ocurrir.
Porque yo no veo la hora de que llegue el viernes 14 de julio de 2006 y que mi hijo menor haga esa puta prueba de una vez por todas.
Nomeimportaqueesedíajuanitacumpleañosyademásentraalquirófanoyquizásdesayunoonodesayunoconmamáynomeimportanielininadafrancamente.
Sólo me importa “tachar de la lista” de responsabilidades este gran estorbo.
Y así, “el terreno” quedaría totalmente allanado para comenzar a estudiar Ciencias Sociales.
¡Ay!
Ciencias Sociales.
Se lo encomendé a él
¿Hice mal?
Confiada en esta “dulce tranquilidad” con él, le encomendé que lo prepare en Sociales.
¿Hice mal?
Es que… YO NO DOY MÁS !!!
Quedé fundida.
Si su maestra pospone la prueba y ambas pruebas se juntan, o si la maestra la pospone para después de las vacaciones, lo único que logré fue perjudicar notablemente a mi hijo.
¡Boluda!
¿Y si me cita?
¡Y si yo compruebo con su respuesta escrita o con las calificaciones que se sacarán los demás de que el verdadero problema acá es MI HIJO?
Tengo auténtico miedo.
Me cago en las patas.
Ruego que no posponga la prueba.
¡Por Dios que no lo haga!
No al menos por culpa mía.
Si hasta ese compañerito “butz” que tiene pudo hacer una actividad que mi hijo trajo en blanco!
Lo comprobé ayer llamando a la mamá e “indagando”…
¿Y si mi hijo se enoja conmigo por esta carta que no blanqueé que le envié a su maestra?
Estaría en todo su derecho de sentir mucha furia.
¿Y si se la agarran con mi hijo?
¿Cuál era la solución?
¿Qué debí haber hecho?
En realidad, con esta carta, lo que quise fue “cubrirme”, ya que YO SÉ que mi hijo tiene su carpeta incompleta y con dibujos mal copiados por pura responsabilidad de él, que charla en clase y no presta atención y que por ser “uno de nosotros” no tiene facilidad para este tipo e temas…
En realidad, lo que correspondía era “humillarme” a pedir una carpeta prestada y fotocopiarla o que el mismísimo hijo mío la pidiera.
Así como el amigo de mi hijo mayor se la pidió.
Llamó y la pidió.
La mamá -maestra de las dos escuelas a las que van a mis hijos- le dijo que lo haga y él lo hizo.

Pero yo no soy normal.
Actúo mal y lo peor es que lo sé y no lo puedo evitar.
Dios me ilumine para cambiar.
Dios me ilumine para mejorar y ayudar a mi hijo.Estoy “esquivando” una consulta a un Neurólogo.
Estoy “esquivando” un Psicodiagnóstico.
Estoy “esquivando” una Terapia.
Fuerza.
Debo actuar.
Acción.
Hay que ayudarlo a ese chico.
Lo traje al mundo y ahora hay que ocuparse.
Todavía quedan muchos año de lo escolar.
Por lo menos, tiene que terminar el secundario.
Debo agachar la cabeza.
Debo asumir públicamente que “la cosa no está bien”.
No sólo él me “caga” los almuerzos familiares o encuentros sociales.
También mi hijo lo hace.
Tiene conductas sociales no normales.
La gente no es tonta.
Siempre mostré boletines.
Este año, no.
Ya no se puede mirar para otro lado.
Ya no.
Debo moverme.
……………………………………………………………………….
La maestra me llamó por teléfono.
Tuvimos una amable conversación.
Me garantiza que mi hijo sabe y entiende.
Me dice que está todo OK.
Esto me trae un alivio temporario.
Pero no debo engañarme.
Debo estar alerta.
Anteojos, aparatos dentales, visita a un Neurólogo, entrevista con Psicopedagoga…
No me debe vencer la comodidad.
No debe mirar para otro lado.
¡Vamos!
Sin excusas.
¡Vamos!
Mejor descartar u ocuparse, si es necesario.
Siempre es mejor eso que quedarse con la espina de lo que se tendría o podría haber hecho.

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