viernes, 11 de abril de 2008

Primero de marzo de ese año.

Le explico a ella las causas por las cuales no vamos a ir este sábado a su casa.
Yo ya le había anticipado vía mail que era improbable que fuéramos, pero había dejado el tema "algo" abierto.
SILENCIO HORRIBLE.
Me siento mal, la peor de todas.
Ella me hace sentir así.
Pregunta por qué no nos vemos con nuestra familia de amigos el domingo y con ella, el sábado.
Parece no oír mis respuestas.
Es ahí cuando suelo repetirlas y ponerme muy nerviosa, porque desde el otro lado del teléfono no hay nadie que asiente, que comprenda, que me escuche atentamente.
Doy vueltas, le explico que así se dieron las cosas, que desde hace mucho que nos quieren ver, que ya andan "sospechando" que algo pasa...
De repente logro acordarme de este argumento que, en realidad, es el más REAL: si él ve gente un día de los dos días del fin de semana, el otro día quiere tenerlo libre...
Además, francamente, yo también prefiero recibir gente el sábado y no el domingo por el tema limpieza (el domingo la casa ya es un caos) y encima es vísperas de comienzo de clases.
También pregunta "capciosamente" si los chicos irán a la cancha, a lo que respondo que creemos que se jugará el partido el lunes y no el sábado. (Igualmente, y esto no se lo dije pero hubiera podido perfectamente, IRIAN DE TODAS MANERAS A LA CANCHA SI VIENE NUESTRA FAMILIA DE AMIGOS el sábado. De esto ya habían charlado él y nuestra familia de amigos previamente y habían quedado que eso no iba a obstaculizar el encuentro).
Noto que doy demasiadas explicaciones, sí, demasiadas, que me presiona MUCHO con sus preguntas "capciosas" y con sus silencios.
No registrar lo que el otro dice es PRESIONAR.
Siento (o ella me hace sentir) como que le estoy mintiendo, como que la estoy engañando, como que soy traidora...
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... Y mientras escribía esto, él llegó antes de lo previsto a nuestro lugar de trabajo.
Esta situación hizo que yo tuviera que borrar rápidamente todo lo que ya había transcripto de mis escritos.
El original estaba ya roto y lo escrito en la compu no pude guardarlo por la rapidez con la que tuve que actuar para que él no leyera nada.
Lo que se perdió, entonces, fueron las sensaciones de este llamado con ella y el principio del encuentro familiar en la casa del mayor de mis hermanos el día 11 de febrero de 2006.
Transcribiré a continuación, el final de dicho encuentro...
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... La puta que te parió !
Siempre tenemos que dar ese "touch".
Somos una familia de impresentables.
Todos nos miraban "raro".
Una mezcla de regodeo y asombro.
Así culminó ese encuentro.
Las fotos de nuestro importante viaje, las que me apuré a imprimir, ordenar y colocar prolijamente en álbumes para mostrarlas en esta ocasión, fueron opacadas por ese episodio.
Los souvenirs que trajimos para todos, opacados también.
El arrollado, las papas fritas, las patitas de pollo para los chicos y las masas que me ocupé en preparar y trasladar (¡Ay!), opacados.
La puntualidad con la que llegamos y el hecho de quedarnos hasta tarde, el haber aceptado ir sin resistencias, opacados.
Y, ciertamente, de nadie más que quizás un poco por parte del menor de mis hermanos, noté un auténtico deseo de saber CÓMO LA HABÍAMOS PASADO en ese para nosotros GRAN viaje.
La interrupción por parte de mi cuñada de algo que yo estaba contando para preguntar "querés ensalada Caprese?" es una de las tantas señales que denotan la falta de afecto e interés.
Todos nos miramos el ombligo, todos competimos, nadie quiere ni se interesa AUTÉNTICAMENTE EN EL OTRO.
Todo es falso.
Sé que es así, pero aún así debo seguir AGUANTANDO en esta vida, por haber traído al mundo a mis hijos y porque cuando lleguen a no necesitarme más por estar ya grandes e independientes, debo "garantizarme" un cierto bienestar...
Y después de ese encuentro, mi hijo mayor pudo sincerarse y decirme cuán pesado le resultó "soportar" a su primito durante todo el tiempo que duró nuestra visita y cuán pesado le resultó meterse en esa Pelopincho de mierda a la que no tenía ninguna gana de entrar.
Además, cuán angustiante le resultó ver que su mismísimo padre miraba sin inmutarse y sin salir en su defensa cuando mi hijo menor lo "jodía" hasta hacerlo llorar.
Y para mí, lo peor, además de comprobar una vez más que el amor auténtico no existe, fueron esas miradas, lo que intuyo habrán todos comentado a posteriori, las falsísimas conclusiones a las que arribaron después de ver cómo mi hijo mayor se puso a llorar en esa piletita de mierda a causa de su hermanito.
Siento que quedé desnuda ante todos.

Pero falta menos.
Y para los que me joden, menos aún...

1 comentario:

Exenio dijo...

m'ta madre... (expresión muy "de acá").

Empatía ambiciosa: "Lo siento mucho"

...V_V